Padezco del síndrome del antiolvido
como ayer cuando tu cara, como una máscara-mariposa
se posó sobre el rostro de aquel hombre en el tren
Su pelo rubio idéntico al tuyo
y podría jurar que ambos rieron
Me contagié el antiolvido en nuestra cama
después de revolcarnos con ganas enfermas las ganas profanas
las mujeres queremos pendientes y asuntos
R U - Resistencia Urbana
martes, 29 de mayo de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Vení rápido
Veni rápido
Esperar no me gustó nunca y empiezo a sentir el hielo espeso aplacandome con años, machacándome la fórmula que nunca voy a saberme.
Vení rápido
Me aburro. El tedio me chupa los labios con soberbia brusca.
No me dejes caer en la salvación. No me dejes ser la cintura de un reloj de arena: así de atrapada entre el tiempo y el olvido.
Vení urgente. No sé más como llamarte. Las cuerdas vocales hechas estalactitas.
Así no se puede, bandera blanca, paz, corro a comprar palomas, pero, dame, por favor, una tregua. | Reacciones: |
Ajenos
“Everything is a self-portrait. A diary. Your whole drug history’s in a strand of your hair. Your f1ingernails.
The forensic details. The lining of your stomach is a document. The calluses on your hand tell all your secrets. Your teeth give you away. Your accent. The wrinkles around your mouth and eyes. Everything you do shows your hand.”
― Chuck Palahniuk, Diary
Hagamos de cuenta que mis palabras son pinceles. Que sirven para diferentes técnicas, para manejarme en diferentes campos, texturas, para delimitar, para pasar por bordes sinuosos y complejos, para referir toscamente lo intraducible del todo, para narrar lo cotidiano con un tono inverosímil.
Hagamos de cuenta que todo lo que escribo es reflejo único de mi percepción. Hagamos de cuenta que esa percepción me define frente a los demás, los ajenos, que me juzgan y al juzgarme me redefinen.
He aquí mi autoretrato, entonces.
Esperen que me acomodo el pelo y me marco el escote.
Un toque de rush rojo salvaje.
Lista: este impecable mamarracho.
¿Estoy aprobada? ¿Me dejan creerme que puedo escribir?
¿O no tenía que pedir permiso?
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domingo, 13 de mayo de 2012
Comentarios de un escritor (Juan José Saer)
"No permitiré que nadie penetre en mis cuadernos, como han hecho con Kafka o con Pavese. No me moriré. Yo elegiré con el tiempo cuál es la palabra justa y necesaria que debo decir, y el resto lo echaré al fuego. Sé que tengo madera de escritor de los grandes y mi deber consiste en no permitir que celebren como verdaderas mis equivocaciones, o como genialidades mis torpezas.
(...) Por el gusto de escribir algo: después de muchos días de largo silencio escritural me ha asaltado en el baño, mientras me lavaba las manos, antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la luz de la lámpara, escribiendo. DESEO DE ESCRIBIR, NO DE DEICR ALGO. Pero deseo, también, de escribir en tanto escritor: sin que ninguna razón, como no sea el deseo de estar a la luz de la lámpara, escribiendo, haya motivado mi acto. Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que va deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la hoja del cuaderno, victorioso por haber comprendido por fin que el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber, liberado de toda exigencia de estructura, de estilo o de calidad, y lleno del silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular ni guardar para sí- la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de mí en la noche apacible-."
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miércoles, 11 de abril de 2012
siempre tuve una duda acerca de las rejas
nunca terminé de comprender si son refugio o cárcel,
o tal vez ambas,
como tu amor enredadera.
siempre tuve una duda, también, acerca del amor
nunca supe si es eterno o finito como este instante
nunca supe mucho, en realidad,
acerca de este todo inabarcable que nos sirve
de refugio y de cárcel.
nunca terminé de comprender si son refugio o cárcel,
o tal vez ambas,
como tu amor enredadera.
siempre tuve una duda, también, acerca del amor
nunca supe si es eterno o finito como este instante
nunca supe mucho, en realidad,
acerca de este todo inabarcable que nos sirve
de refugio y de cárcel.
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